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EL JAIME

Estos fragmentos de entrevista fueron tomados del suplemento "¿Qué Pasa?" de El País. La entrevista fue hecha por Cesar Di Candia, otro hincha violeta.

-Yo te había pedido para concretar una entrevista hace un tiempo en el Palco de Prensa del Estadio Centenario, un día que jugaba Peñarol contra Defensor, ¿te acordás?
-Recuerdo muy bien aquella tarde, porque perdimos por un gol sobre la hora convertido por Darío Silva sobre el arco de la Colombes y este señor que se había hecho en Defensor, se saco la camiseta y se la mostró a la hinchada violeta. Eso no se lo perdonaré mientras viva.

-¿Dónde nace tu amor por los violetas si no eres ni siquiera del barrio?
-Creo que fue porque me gustaba la camiseta y porque veía a la farola desde el campito donde yo jugaba. Mi viejo me llevaba a ver a Nacional, pero ya pasada la niñez, asumí que era hincha de Defensor. Llegué a ir a los partidos con cierta asiduidad, cosa que hoy extraño porque me falta el tiempo. Me lo había prometido para este año pero se me complicó la agenda de vuelta. Entre el 68 y el 75 iba prácticamente siempre. En el 76, cuando salimos campeones por primera vez yo estaba en París. Lamenté muchísimo no poder verlo, y al mismo tiempo lloré de emoción. Esto ocurrió dos meses antes de que mi padre falleciera, y recuerdo que él me mandó una carta con 'El País" de los lunes, uno de cuyos titulares decía: "La historia cayó de rodillas, Defensor campeón". Me contaba que había ido al último partido contra Rentistas y que había visto a Defensor dar la vuelta, poniéndose en mi lugar. Es uno de los recuerdos más maravillosos que tengo de mi viejo. Fue a raíz de eso que compuse en París "Cometa de la Farola". Me imaginé un niño que en lugar de levantar las consabidas cometas de Nacional y Peñarol, izaba una de color violeta.

-De cualquier modo, también viste a Defensor dar la vuelta en el 87, porque yo estaba cerca tuyo.
-Y en el 91 también. Esa noche tuve el honor de tocar frente a la sede de Zudáñez en un inolvidable recital. Canté a coro con los jugadores y casi me muero de la emoción.

-Es curioso cómo cosas tan triviales, cómo sentimientos esencialmente irracionales son capaces de causar una conmoción tan grande.
-Yo también me lo he preguntado.  En esos casos no hay razonamiento, todo es corazón puro. Llegan mucho más esos hechos, que otros que uno racionaliza o imagina de manera grandilocuente. De pronto, como tú dices, una pequeña situación se convierte en algo que a uno lo acompaña por el resto de la vida