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FRANCISCO AMADO SALOMON ALZAGA

 
Francisco Quico Salomón

Estoy en el apartamento de Quico Salomón en Punta Carretas. Un balcón sobre la calle Báez, una cuadra sin edificios altos, el sol que se cuela entre las ramas de los plátanos salpicando la calle. Desde que, con 18 años, en 1969, los de La Farola lo trajeron a Montevideo, el Quico nunca se fue del barrio de Defensor. Pero sin embargo, siempre que puede se da una vuelta por Melo.

-Yo nací en el famoso barrio de la Cuchilla de las Flores de Melo, departamento de Cerro Largo. Pero a los cinco años a mi padre le dan la concesión de la cantina de la sede del Club Artigas de Melo y yo me crié ahí. Al otro lado de la pared del fondo de mi cuarto estaba el frontón. A los catorce años yo jugaba en ese frontón a la pelota de mano por plata. Mi trayectoria como futbolista es medio rara, porque jugué desde los doce a los catorce y después no jugué más al fútbol, me dedicaba al frontón, iba a la escuela y jugaba al frontón por dinero, con la pelota dura, pelota de mano. La gente de edad ponía dinero y yo jugaba y ganaba bien, ayudaba a mis padres con eso. Después estudiaba. Pero a los 16 años voy a un campeonato nocturno de fútbol de barrio, a jugar por el cuadro de mi barrio, Estero Bellaco, el barrio de la estación de AFE. Juego y me destaco. Me ven los del Artigas otra vez, el cuadro donde yo vivía y me dicen "vamos a jugar, te llevamos arriba". Y ya jugué en la primera división a los 17 años y jugué en la selección solamente un año, porque a los 18 años me vio Gómez Martínez, de Defensor, jugar con el combinado arachán un partido en Lavalleja y me dijo si quería venir a practicar a Montevideo.

-¿Cómo fue tu niñez?

-Muy linda, una infancia muy buena, muy humilde pero sana, alegre. Estudié primaria, secundaria, y después cursé, ya jugando en el Artigas, tres años en la UTU para mecánico tornero. Nunca nos faltó la comida. Las pilchas ahí... "remendado pero limpio" decía mi mamá.

-¿Cuántos hermanos?

-Tres. Los mayores se habían ido conmigo a Venezuela, uno es tapicero y la otra nurse. Cuando volví, ellos se quedaron y después volvieron. Yo fui de una familia muy deportista. Hice atletismo también, vine a competir acá a Montevideo a los 15 años, hice lanzamiento de bala y jabalina. Mi viejo, Amador Salomón, de origen libanés, fue un gran zaguero de Cerro Largo en fútbol y mi abuelo materno era Álzaga. No sé si has escuchado hablar del pueblo Batlle y Ordóñez. La cancha de ahí se llama Francisco Alzaga, por mi abuelo. Futbolista y pelotari.

-¿Qué te dio el frontón, el juego de pelotari?

-Tiempismo, vista, velocidad, reacción, giro, cintura, paso corto, paso largo, retroceso. Para jugar al frontón hay que tener todo. Ahora juego a la paleta porque acá nadie juega pelota-mano. Es un deporte muy lindo. Me viene de herencia porque mi abuelo era vasco, jugaba mucho y mi padre jugaba muy bien.

-¿Y cómo es Melo?

-Meta fiesta. Yo vivía a tres cuadras de la estación. Pero además del Artigas, tenés el Remeros o el Bancario. Y de noche timba y algún baile de la Unión. El Centro Obrero, el club Unión. Después está el Ansina, de los morenos. Cinco bailes había en carnaval. Melo es así. Ahora hicieron un casamiento homosexual con 200 invitados. Con cura y todo.

-¿Y en Montevideo te quedaste en el barrio de Los Tuertos?

-Siempre. Al principio me quería ir corriendo a Melo. Nos pusieron ahí, en un hotel de Canelones y Paullier, donde vivían todos los muchachos, hotel Ramos se llamaba. En la esquina estaba el famoso bar de Arnoldo Lavella. Vivíamos con Baudilio Jauregui, Guillermo Flores, todos muchachos de afuera y había jugadores de Bella Vista también, Orlando que era lateral, Pisani un muchacho que era de Durazno, Galeano que era de Progreso, Luis Montero que era de Mercedes. Pero yo los primeros meses extrañaba, me quería ir corriendo, le escribía a mis padres. Los primeros tres o cuatro meses fueron brutales. Me quedé gracias a mi viejo, que insistió: "quedate, si querés jugar al fútbol, quedate. ¿Qué vas a hacer acá? No te vengas". Y la verdad es que tenía mucha razón.

-¿Después te gustó el barrio?

-Me gustó y me vine a vivir a la sede en Jaime Zudáñez, siendo jugador, en el 71. Me vine con Omar Mondada y Walter Cufré, los dos de Mercedes. Walter terrible jugador, zurdo, de Rentistas. Se volvió a Mercedes y no quiso jugar nunca más.

-¿Cómo era Defensor en esa época?

-No tenía nada que ver con el actual. En esos tiempos dirigía Alejandro Morales. Tenía sólo dos o tres figuras que estaban en la selección uruguaya, como Dagoberto Fontes, Juan Maldonado y volvía el Cholo Demarco de Italia. A Jauregui ya lo habían citado a la selección uruguaya. Pero era un Defensor en pañales. Un cuadro muy humilde, con mil carencias. La concentración con las camas antiguas, caldera a leña, no había ni para leña en ese tiempo, no existían las gradas. Mil carencias.

-¿Te acordás de la primera práctica?

-¡Cómo no! Medio tiempo contra el boom de Huracán Buceo, año 69. Entré en lugar de Jauregui a marcar a Ronald Langón. La delantera de ellos era Guillén, la calavera Morán, Langón, el tano Alfano y Pinto. Habían salido campeones en la B. Anduve muy bien. Salgo de la cancha y ya me dicen de hacer contrato. Yo les digo que me quiero ir para Melo. Estaba cumpliendo los 18 años en febrero y me volví a Melo nomás. Entonces mandaron a buscar a mi papá e hicieron contrato. Así comenzó mi carrera.


Defensor 76

Encuentros es un boliche resto-pub, que funciona en una casona de dos plantas de la calle Casinoni al 1100, con tres salones y varios recovecos, dos barras, parrillada y nutrida enoteca. Fue creado hace dos años y medio por Pedrín Grafigna, su propietario y regente personal, ex cenrojás de la selección uruguaya de fútbol y de aquel Defensor Campeón del 76 que cambió la historia. El viernes 6 de julio de 2001, Encuentros fue el lugar propicio de una reunión muy especial, el boliche resultó el cálido ambiente del reencuentro del plantel que hace 25 años se consagró como el primer equipo en desarrollo en lograr el Campeonato Uruguayo durante la era profesional. Ni Peñarol ni Nacional. La lógica del tercero excluido se había quebrado aquel 25 de julio.
La reunión era para reafirmar todo lo que perdura del plantel hacia adentro, las convicciones que un grupo de futbolistas se formó con uno de los referentes obligados de la cultura futbolera uruguaya, el profesor José Ricardo De León.
Era un grupo muy fuerte que había formado sus códigos en una larga y bautismal gira a comienzos del 72 por México, Honduras, Nicaragua, Panamá, Venezuela y las Antillas holandesas, con 16 partidos jugados, 8 triunfos, seis empates y dos derrotas, que coincidieron con los dos primeros partidos ante Veracruz e Irapuato. De León logró mantener al equipo 14 partidos invicto, recibiendo sólo 14 goles en contra. Al regreso armó el plantel adecuándose a la economía del club, con el refuerzo de algún jugador de trayectoria como el golero Gassire y el volante Hamlet Tabárez, pero recurriendo fundamentalmente a jugadores que estaban en el club como Quico, Jáuregui, Miguel Puppo, Miguel y Juan Carlos Leiva, Mondada, y otros que llegaron, como De Simone y Arispe desde Colón.

-69, 70, 71 y 72. Ahí sale la famosa gira esa por todo Centroamérica. Tocamos México de entrada, jugamos primero allá. Yo en esa gira salí jugando como volante. Jugaban atrás Jauregui y Caresani o Jauregui y De Simone. El Profe me vio condiciones para jugar de volante y seguí jugando yo como 5, mientras Hamlet Tabárez lo hacía como 10. Puppo no jugaba, era suplente. En México el primer partido en Veracruz, salimos así. Echan a Jauregui en el segundo tiempo y paso yo de zaguero y entra Puppo. Y ahí un lío famoso, grandísimo. Tuve lío con un jugador brasilero, Batata, famoso jugador brasilero. Terminamos en una batalla campal, entrando fácil a la cancha como doscientas personas con fierros, con palos, y nosotros éramos dieciocho. Nos defendimos como tigres. Hasta el Pichu Rodríguez, que tenía quince años, lo había sacado el Profe de Cuarta, metió como loco. Metimos como caballos. Tuvimos que salir por debajo del estadio a las cuatro de la mañana, porque nos estaba esperando medio México. Ahí se quiso suspender la gira. Bajamos para Centroamérica y ahí es donde ingresa Puppo de titular. "Te voy a sacar -me dice el Profe- porque casi me suspendés la gira". En el tercer partido ya me puso otra vez. Y así fue que llegué a Venezuela como zaguero y no como volante. Tuve suerte, porque como volante no se iban a fijar en mí, porque ellos precisaban un zaguero. En Venezuela nosotros jugamos cuatro partidos, con Galicia, con el Caligua, con Portuguesa, con Estudiantes de Mérida, y en todos los partidos jugué de zaguero y en todos anduve bien. El Pepe Sasía dirigía al Galicia, ya me conocía, habíamos sido compañeros en el 70 en Defensor y todo sumado, me contrataron. En Venezuela me fue muy bien futbolísticamente, porque me quedé en un equipo grande (Galicia es como Peñarol o Nacional acá). Ganaba muy bien. De los cuatro años que estuve, en tres fui designado el mejor jugador, pero no era un país futbolero. Los uruguayos me decían que tenía que volver, que ese fútbol no tenía salida porque era un fútbol en pañales. Les importa más el boxeo, los caballos de carrera y el baseball. Conocí a mi actual esposa allá. Pero en el 75, cuando vine a fin de año, dije que no volvía más. Y en el 76 empieza aquella campaña de Defensor.

1975 había marcado un punto de inflexión, que varió sustancialmente la actividad futbolística local. Se disputó la Copa Uruguaya entre febrero y julio. Se jugaba luego la Liga Mayor con los primeros ocho clasificados del uruguayo, que arrastraban su puntaje, para clasificar a los seis clubes que competirían en la Liguilla, aplicándose handicap de unidades para el Campeón. Con mayor actividad y un fútbol que económicamente se emparejaba hacia abajo, la supremacía de Peñarol y Nacional fue disminuyendo. En la primera temporada jugada con la nueva reglamentación, Liverpool anunció el cambio, lideró la primera rueda del torneo inicial. Pero ya en la temporada siguiente, la de 1976, se produce un quiebre radical de la historia del profesionalismo. En enero, José Ricardo De León retorna a Uruguay para conducir a Defensor, anunciando desde su llegada, algo que en aquellos días parecía imposible: "Vengo para ganar. Defensor está para pelear el campeonato uruguayo y dar vuelta la historia". Dirigentes y entrenador comenzaron a armar el equipo. Volvieron al club Quico, Jauregui de Unión de Santa Fe, Arispe de Independiente y Mondada de Venezuela; también retornó al país Ricardo Meroni de Racing de Avellaneda y Pedro Álvarez de Junior de Barranquilla, se incorporó a José Gómez (retornado de España) y a Gregorio Pérez de Cerro, lográndose también sobre el comienzo de la Copa Uruguaya, la vuelta de Luis Cubilla con 36 años, después de haber jugado la temporada anterior en el Santiago Morning de Chile. El club tenía entonces a dos figuras jóvenes consagradas en el sudamericano juvenil de 1975, Ricardo Ortiz y Washington González, además de otros valores como el golero Clavijo, Conde, Santelli, Graffigna, Cáceres, Rudy y Rodolfo Rodríguez. Para alentar el desempeño del equipo se estructuró un novedoso sistema de premios. No sólo se pagaría por puntos ganados, sino que a eso se agregaría una bonificación según la posición que el club fuera ocupando en la tabla.
Actuando con una coherencia e independencia que le marcó al club un perfil propio dentro del fútbol uruguayo, Luis Franzini había matrizado un estilo, una escuela de conducción que continuaron sus hijos, Jorge y Julio César, este último en la presidencia a la hora de la gloria. Pero el éxito fue también la conclusión de una etapa de transformación
radical de la forma de encarar el desarrollo del fútbol dentro de la cancha, que Defensor había iniciado en 1971, cuando colocó al frente del plantel al profesor José Ricardo De León. "Ganar es lo más importante -decía De León-, el nuevo fútbol exige una gran preparación física, porque llega el tiempo de marcar a la pelota para asegurar el cero en el arco propio". La idea llevada al campo de juego apuntaba a mover a todo el equipo en bloque, hacia la zona por donde estuviera la pelota, para marcar al adversario que la tenía, en forma escalonada, apoyando esa acción defensiva con el adelantamiento de la línea final de cuatro zagueros, para reducir los espacios de juego y achicar la cancha.

-El Profe dejó muchas enseñanzas en los que pasamos por él. Fue un adelantado en el sentido del sistema que aplicamos, de cómo trabajábamos y de la manera de llevar el grupo. Nosotros decíamos cuando regresábamos, quién sabe si damos vuelta esta torta. Ya desde que arrancamos nos daban palo, decían que se estaba armando un cotolengo, con gente vieja, Cubilla con 36, Jauregui con 31, Graffigna con 31, Javier con 31, yo volvía con 25, José Gervasio con sus veintipico largos. Pero se fue armando y se hizo un trabajo muy bueno, en todos los aspectos, porque éramos hombres todos, adentro y afuera de la cancha y estábamos bien dirigidos, con todo el respaldo que los Franzini dieron en ese momento y el apoyo de Víctor Hugo, que en la primera rueda ya decía que nosotros estábamos para algo grande y en la segunda transmitió todos los partidos nuestros, en la cancha de Bella Vista, en el Cerro, en todos lados. Ninguna emisora lo hacía, transmitían sólo desde el Estadio.

Finalmente el 25 de julio, en el estadio Luis Franzini, se definió el campeonato, cuando Defensor al ganarle a Rentistas 2 a 1, alcanzó el título. 44 años de hegemonía de Peñarol y Nacional llegaban a su fin.

-Yo lo puedo relatar distinto porque no jugué ese partido. Fue una de las formas en que nos quisieron matar. Nos buscaron muchos peros, y una forma fue una expulsión mía faltando dos fechas, mal expulsado, ante Sud América. Me suspendieron la última fecha. Una de tantas con que nos quisieron voltear, pero no pudieron. Yo estaba afuera, suspendido, pero lo viví con todos los muchachos. Fue un domingo gris, tormentoso, nublado. Era un partido contra Rentistas en el Franzini. Creo que hasta los hinchas de los grandes en ese momento eran hinchas nuestros. Tanto de Peñarol como de Nacional. Porque el grupo le había entrado a la gente en el sentido de cómo jugaba, cómo se despegaba, de la manera que llegábamos, de la manera que ganábamos, de la manera que tratábamos a la gente, de la manera que hablábamos entre nosotros. Ese grupo le entró a la gente, incluso a la que no era hincha de Defensor. Era el chico contra el grande y era difícil voltear a los poderes. Pero nosotros estábamos para voltear el poder de los grandes.


Capitán uruguayo, a su lado el arquero Correa

-En el 76 nos citan a nosotros a la selección, siendo técnico el señor Hobherg. Me citan a mí, de volantes al Tato Ortiz y a Graffigna y adelante a Santelli. Habíamos salido campeones y el señor Hobherg nos junta en Los Aromos a los cuatro y nos dice "yo quiero que la selección uruguaya juegue como Defensor". Si estaríamos impuestos nosotros en el fútbol profesional...

-Pero no pusieron al Profesor...

-Esa fue otra de las tantas erradas que tuvo el fútbol uruguayo. Nosotros en el 76 arrasamos con todos los campeonatos, la Liguilla en el 77 y empieza la eliminatoria. Había jugadores excepcionales, estaba Fernando Morena y varios puestos cubiertos, pero la base tenía que ser Defensor. Lo que pasó es que todos sabíamos las ideas del Profe, las ideas de todos los compañeros, y el Profe vuelta y media largaba algunas declaraciones, pero por él. Entonces había mucha gente que las tomaba para cualquier lado y tuvo temor. Esa gente tuvo temor de que el Profe trayera cosas a la selección, trajera ideas de él. Pero eso no se había dado jamás. Nunca le inculcó nada a nadie.

-Qué diferencias encontrás con el fútbol brasilero, que conociste a fondo en tu pasaje por el Inter de Porto Alegre y la selección gaúcha.

-El Internacional, dentro del fútbol brasilero, era una de las instituciones más grandes. Para mí fue un salto muy grande como profesional, fue muy importante ir a jugar a un cuadro brasilero donde también me impuse. Era totalmente distinto a Defensor. Se jugaba más al juego bonito, más con la pelota, no se trabajaba tanto como se trabajaba en Defensor. Una base pequeña y después todo pelota, buen trato de pelota, sin importar lo que pase, si se la pierde o no se la pierde. Muy distinto a lo que estábamos aplicando acá. Yo ya tenía 27 años, pude llevar el trabajo de Defensor con la línea de cuatro, les hablaba a los muchachos, pero el fútbol brasilero no era de apretar, no era de marcar mucho, volvían a su zona y te esperaban, no era de presionar. Fue un año muy bueno porque salí Vicecampeón Nacional con el Inter y después salí Campeón Gaúcho. Teníamos cuatro jugadores de la selección brasilera. En la preparación para el Mundial 78, con la selección gaúcha le ganamos a la brasilera y eso que les tuvimos que dar a Falcao y a Ederson.

-¿Qué técnico tuviste en Brasil?

-Claudio Duarte, un muchacho que a los 25 años tuvo que dejar el fútbol, era lateral del Internacional y de la selección brasilera y se rompió totalmente la rodilla. Iba a ser casi seguro el lateral titular para el Mundial 78. Fue el único técnico que tuve en Brasil. Aprendí mucho de él: Trabajo con pelota, mil cosas que acá en ese tiempo no se registraban. Ahora, como están más actualizadas las cosas, más desparramadas mundialmente, llegan más rápido los cambios en los trabajos de los equipos. Para que tengas una idea, yo en Brasil, en 1978, hice el trabajo de pretemporada en una sala de musculación y acá no conocíamos lo que era una sala de musculación, acá un jugador de fútbol ni loco te tocaba una pesa. Acá la base del trabajo eran los médanos del parque Rivera, la playa y después cancha. Nada más. En el 78, en el Internacional de Porto Alegre, ya había un aparato donde trabajaban dieciséis tipos a la vez.

-¿Cómo fue la jugada que te hizo dejar el fútbol?

-Fue Everaldo, un 9. Fui a sacar la pelota y él me puso la plancha. Frené la pierna pero igual me quebró. Me quebró como te quiebran los brasileros. Acá es muy difícil que te pase algo así.

-¿No hay mala leche acá?

-No, acá es muy difícil. Si te ponés a pensar, yo les decía el otro día a los muchachos "díganme de una fractura de un uruguayo a un uruguayo". Acá a Sanfilipo lo fracturó un brasilero, a Fernando lo fracturó un venezolano, a Lito Silva lo fracturó un paraguayo, a Edgardo González lo fracturó un brasilero. Te estoy nombrando a figuras. De uruguayo a uruguayo, muy difícil.


Junto a la línea

-¿Cuándo comenzás como técnico?

-Me lesiono en el 78 a fin de año; en el 79 aprovecho el parate de la lesión y comienzo el curso de entrenador. Termino el primer ciclo y empiezo el 80 recuperándome, pero otra vez me fracturo. Con la operación el hueso no quedó bien, me operan otra vez y vuelvo otra vez a recuperarme. Empiezo a jugar, juego unos partidos en tercera y completo el segundo ciclo del curso de entrenador en el 81.

-¿Cómo es dejar el fútbol?

-Muy difícil. Me costó mucho, porque no lo podía creer. Con 28 años tenía que despegarme de un día para el otro de las canchas. Me dolió mucho. Hay que ser fuertes en ese momento y razonar. Pensé que antes de pasar vergüenza, para que mi imagen quedara como la de Salomón jugando y no la de un Salomón rengueando adentro de una cancha, me tenía que retirar.

-Contame un poquito esa carrera de técnico tan inaudita que iniciaste entonces.

-Tomo en el 82 las inferiores de Defensor. Jauregui dirigía arriba. "¿Qué te parece arrancar en cuarta y quinta?" me dijo. Empecé a dirigir cuarta y quinta y supervisaba sexta y séptima. Toda la experiencia que adquirí y el curso como técnico, me sirvieron, porque en ese tiempo las inferiores eran fuertes, Danubio, River, que trabajaban muy bien y Defensor recién estaba comenzando a hacer las cosas bien en inferiores. Pichincha con la única cancha vieja, con el vestuario antiguo, con la caldera a leña, un crudo invierno pasé allá en el Pichincha. Saqué cuarta Vicecampeona y quinta Vicecampeona.

-No eran las inferiores que vinieron después...

-No, nada que ver. Unas carencias terribles. En ese tiempo no se daban ni equipos, los muchachos llevaban sus equipos, se les daba solamente la camiseta para jugar. Hablamos del año 82. La calderita a leña con un horno chiquito y viejo. Nosotros no teníamos vestuario. Íbamos vestidos a jugar. Pero fue una experiencia linda porque comencé como entrenador. Le ganamos a Danubio en cuarta y quinta y me ganó la final Nacional 1 a 0, en el Parque Central. Llegamos iguales en puntos y me ganó la final.

-¿Ya como técnico aplicabas el sistema de De León?

-La base la tenemos con el Profe, trabajo de grupo, trabajo de línea, cómo aplicar el sistema. Uno pone la variación necesaria. Yo traje muchas ideas de Brasil. Aprendí mucho trabajando con pelota, que es, a mi entender, el fuerte del brasilero. Mechaba lo que había aprendido en Defensor, con parte brasilera.
Después a Miramar lo agarré con cinco fechas de comienzo ya, y me terminó ganando el campeonato Fénix por un punto. Ese mismo año, cuando la B termina, Defensor está comprometido con el descenso. Faltaban siete fechas, renuncia De Simone y me contratan a mí. De siete partidos ganamos cuatro, empatamos dos y perdimos uno. Los salvé del descenso, me dieron las gracias y después se olvidaron de mí. Me decían que iba a ser el técnico pero me hicieron una mala jugada, me dolió mucho. Y más porque me pasó en mi casa. El presidente era el ingeniero Landoni, no existe, y el otro era Benítez; me hicieron una mala jugada. Me dolió, me dolió más porque fue en mi casa. Si hubiera sido en Villa Española, Cerro... pero fue ahí. En el 90, Paco Casal, que para mí siempre fue un hermano, me dice: "tenés que dirigir otra vez, tenés que volcar la experiencia, sabemos que sos buen técnico, yo te conozco bien". Vuelvo en el 90 y asciendo a Fénix. En el 91 dirijo la selección de la C. En el 92 arranco con Rampla, tras la primera rueda por consecuencias ajenas al fútbol renuncio, queda primero Rampla, asume Linares, yo asumo la selección de la B con Abulafia y asciende Rampla. Explota la huelga, desaparece la selección de la B y nunca más dirijo hasta este año. En el 98 Miguel me dice que lo ayude, estuvimos en Liverpool cuatro meses con problemas económicos. Y ahora Paco volvió a insistir: "tenés que volver, tenés que volver, tenés condiciones, tenés todo para ser buen técnico, sos buen tipo, tenés que volver al fútbol".
Y reenganché con esta gente del Juventud, una gente bárbara, Marcos Carámbula, un gran tipo y el Tito y el Pepe Sienra, con Gustavo, que están en todo.

Una trayectoria increíble. Un invicto de veinte años como técnico en Uruguay, pero casi diez años de "muerte civil" después de la huelga del 92. Ahora procura repetir el batacazo del 76, llevar a un equipo del interior a puestos nunca antes conseguidos.


En el Internacional de Porto Alegre 

Francisco Amado Salomón Álzaga como jugador

1967-69 Artigas de Melo
1969 Selección de Cerro Largo
1969-1972 Defensor
1972-1975 Galicia de Venezuela
1976 Defensor (Campeón Uruguayo 1976)

1976-77
Selección de Uruguay
1977-78 Internacional de Porto Alegre (Vicecampeón Nacional Brasileño, Campeón Gaúcho)
1977-78 Selección Gaúcha

Francisco Amado Salomón Álzaga como técnico

1981 Defensor (Vicecampeón de Cuarta y Quinta)
1982
Tolima de Colombia
1985 Miramar (Vicecampeón de la B)
1985 Defensor

1990 Fénix (Campeón de la C)
1991
Selección de la C
1992 Rampla
1992 Selección de la B
2001... Juventud de Las Piedras